Turismo Antártico: Desafíos y Oportunidades para Chile

Luis Valentín Ferrada, director del Programa de Estudios Antárticos de la Universidad de Chile, ha señalado que las autoridades nacionales están investigando un caso reciente en el que se pone de manifiesto el reconocimiento de la jurisdicción chilena en la Antártica. En una entrevista con El Magallanes, Ferrada enfatizó el auge del turismo en esta región remota, destacando tanto los desafíos regulatorios a los que se enfrenta Chile como las oportunidades que surgen para ejercer soberanía a través del derecho y la educación. Con más de 120.000 turistas llegando anualmente, principalmente por vía marítima, la presión sobre los ecosistemas antárticos es considerable, subrayando la necesidad urgente de un marco regulatorio efectivo para mitigar el impacto del turismo en el continente blanco.

El académico recientemente participó en una serie de instancias académicas en Valdivia, donde se abordaron materias cruciales sobre la Antártica. En las VII Jornadas Chilenas de Derecho Antártico y otros congresos relacionados, el turismo fue el tema central de debate, atrayendo diversas ponencias que exploraron su historia y los retos ambientales asociados. Ferrada explicó que la creciente diversificación de actividades turísticas, como el paracaidismo y el submarinismo, plantea nuevos riesgos y desafíos para la conservación de un entorno tan delicado. A la luz de estos desarrollos, llamó a un diálogo sobre cómo Chile puede influir en las normativas internacionales para asegurar que el turismo antártico sea sostenible y responsable.

En términos de soberanía, Ferrada argumenta que una de las claves para ejercer control sobre la Antártica radica en la jurisdicción portuaria, que permite a los Estados regular las expediciones que parten de su territorio. Utilizando el reciente caso de un piloto estadounidense que fue detenido por volar sin autorización sobre el archipiélago de las Shetland del Sur, él ejemplificó cómo las autoridades chilenas están facultadas para actuar en estas situaciones. Este caso, que fue presentado durante una reunión consultiva del Tratado Antártico, representa un reconocimiento implícito de la autoridad chilena en la región, evidenciando la necesidad de fortalecer las estrategias que permitan a Chile ejercer su soberanía sobre el territorio antártico.

Ferrada también tildó a Chile como una potencia en la Antártica, enfatizando su presencia territorial y su capacidad operativa, a pesar de operar con presupuestos limitados en comparación con otras naciones. Hizo hincapié en la labor del Instituto Antártico Chileno (Inach) y la importancia de una política de largo plazo que asegure la continuidad del liderazgo del país en materia antártica. Para él, la clave para mantener esta influencia es la educación, ya que el conocimiento de la Antártica debe incorporarse al currículum nacional. Ferrada menciona que la falta de inclusión de este tema en la educación obligatoria limita la conexión emocional y el sentido de pertenencia que los chilenos deben tener hacia el continente antártico.

Finalmente, Ferrada destacó cómo en los últimos años ha existido una continuidad en la política antártica del país, más allá de la variabilidad política de los gobiernos. Citó ejemplos de proyectos colectivos, como la construcción del rompehielos Viel, que muestran esta disposición a largo plazo. Sin embargo, enfatizó sobre la importancia de que estas políticas no queden solo en promesas, sino que se traduzcan en acciones concretas que permitan mantener y mejorar la presencia chilena en la Antártica. Su mensaje final es claro: cualquier inversión en la Antártica no solo beneficia al país, sino que asegura un papel activo y presente en un continente que ya no es solo el futuro, sino el presente de la humanidad.

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