José Vidal Samu: Un legado de 41 años en la salud pública

Cuando José Vidal ingresó al Hospital Regional de Magallanes en 1985, el contexto era muy diferente al actual. En plena dictadura militar, el Servicio de Atención Médica de Urgencia (Samu) aún no existía, y el traslado de los pacientes se realizaba de manera rudimentaria. En esa época, un conductor y un camillero, este último sin formación médica, eran los encargados de buscar a los enfermos en sus hogares. Sin radios ni información sobre el estado de salud del paciente, la responsabilidad recaía casi por completo en sus manos mientras se dirigían a un hospital que, a menudo, no estaba preparado para recibirlos. Casi cuatro décadas después, Vidal se despidió de su carrera como conductor del Samu, cerrando un ciclo transformador en la atención de emergencias en la región.

La trayectoria profesional de Vidal ha sido longeva y diversa. Comenzó en el área de Psiquiatría en el antiguo recinto de Miraflores, donde cuidaba a los internos. Su recorrido lo llevó a Pediatría y luego a la Central de Alimentación, donde ganó experiencia tanto en cocina como en la gestión de recursos. No fue hasta la década de 2000 que, tras obtener su licencia de conducir y debido a una necesidad de personal en el área de Movilización, comenzó a manejar vehículos del servicio. Sin embargo, fue en 2006 cuando asumió oficialmente el rol de conductor del Samu, donde se mantuvo durante casi 20 años, enfrentando cada traslado con el conocimiento de que su trabajo podría ser crucial para salvar vidas.

Con una mirada crítica sobre su trabajo, Vidal aclara que la conducción en situaciones de emergencia no se enseña en forma formal, sino que se aprende sobre la marcha, bajo la experiencia y guía de colegas. La velocidad no es siempre lo más importante; lo primordial es el bienestar del equipo y del paciente. La conducción adecuada implica no solo rapidez, sino también establecer un balance entre urgencia y seguridad. Su filosofía de trabajo resalta la responsabilidad que siente hacia sus compañeros y pacientes, recordando que, aunque la presión por llegar rápido es alta, hay reglas que deben ser respetadas para garantizar la seguridad de todos en la ambulancia.

A sus 66 años, Vidal decidió que era tiempo de retirarse, reconociendo que el desgaste físico de su profesión ha comenzado a pesarle considerablemente. Su diagnóstico de cáncer gástrico en 2012 y las secuelas de dicho tratamiento le llevaron a reflexionar sobre su capacidad para continuar manejando un vehículo de emergencia, y concluyó que ya no quería ser un obstáculo sino una ayuda eficaz en el sistema. Con una honestidad admirable, expresa que cada persona debe conocer sus límites y aceptar que, aunque su deseo de ayudar sigue intacto, hay circunstancias que requieren una evaluación realista de su situación física y personal.

La experiencia acumulada por Vidal no solo lo ha llevado a conocer profundamente cada rincón de la región gracias a su trabajo en el Samu, sino que también le ha permitido vislumbrar la dura realidad social de muchas familias. Las historias que ha presenciado, desde el abandono de adultos mayores hasta rescates en situaciones críticas, han dejado una huella profunda en su corazón. Un recuerdo particularmente impactante fue el de un joven cuya felicidad brillaba al esperar a su hija, y cuya vida se apagó trágicamente en un incendio. Al final de su carrera, celebra no solo su dedicación a la atención médica, sino también la fortaleza de sus compañeros durante la pandemia, resaltando que la verdadera respuesta del sistema de salud es un esfuerzo colectivo y comprometido, en un oficio donde la entrega y la humanidad son fundamentales.

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