Inundaciones en Punta Arenas: Una mirada al desastre del 2012

El 11 de marzo de 2012, la ciudad de Punta Arenas fue azotada por un violento frente de mal tiempo que dejó un saldo devastador. La intensa lluvia que cayó sobre la región provocó el colapso del cauce del río de las Minas, que terminó desbordándose en el sector central y costero de la ciudad. Este desbordamiento no solo inundó calles y avenidas, sino que también arrasó con los esfuerzos de años en infraestructura y vivienda, obligando a evacuar a centenares de familias que se vieron forzadas a dejar atrás sus hogares y pertenencias.
Las consecuencias del desbordamiento del río fueron inmediatas y alarmantes. Más de 800 personas resultaron damnificadas, y alrededor de 400 negocios quedaron inundados, lo que agravó la crisis en la comunidad. En respuesta a esta emergencia, el gobierno local declaró la suspensión de las clases, buscando así garantizar la seguridad de los estudiantes y la situación de emergencia que se vivía en toda la comuna. Este desastres hacía eco de un pasado donde la ciudad había luchado por mantener su infraestructura ante desastres naturales.
Para ayudar a los afectados, el gobierno anunció la pronta entrega de un subsidio destinado a la compra de materiales de construcción, montos que variaban entre 700 mil pesos y 1,3 millones de pesos. Esta medida, que buscaba mitigar la problemática que enfrentaban las familias afectadas, fue vital para comenzar el proceso de rehabilitación de los hogares devastados. En solo un mes, el municipio había retirado aproximadamente 330 mil camionadas de barro de las calles, mientras que 300 familias se acercaron al Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) para solicitar los subsidios que les permitirían reparar sus viviendas.
La construcción de un control sedimentológico, programada desde el gobierno anterior, se erigió como una de las principales medidas para prevenir futuros desbordes del río. Localizado a 300 metros del puente Presidente Frei, este control, que forma parte de un plan más amplio que incluye tres barreras, se diseñó para retener la sedimentación fina que arrastra el cauce hacia el centro de la ciudad. Con la ejecución de estas obras, las autoridades locales manifiestan que Punta Arenas está ahora mejor preparada frente al riesgo de aluviones que amenazan su infraestructura y seguridad.
Sin embargo, la modernización de las estructuras no ha sido completa. Históricamente, los puentes Chiloé y Magallanes causaron obstrucciones en el lecho del río, siendo reemplazados y modernizados junto a las estructuras de Bories y Lautaro Navarro. A pesar de estos avances, un estudio anterior había recomendado la intervención de cinco puentes, quedando aún pendiente la intervención del puente de calle Libertador Bernardo O’Higgins, cuyo nuevo diseño todavía está en el aire. Esto demuestra que, a pesar de los esfuerzos, aún hay trabajo por hacer para garantizar la seguridad y protección de los ciudadanos ante futuras catástrofes.
