Crimen Organizado en Magallanes: ¿Una Amenaza Oculta en Chile?

El crimen organizado internacional ha encontrado en la región de Magallanes un área estratégica para sus operaciones, especialmente por las rutas que los Estados no consideran adecuadamente vigiladas. Esta problemática fue abordada por el investigador Pablo Zeballos durante la segunda jornada de la Comisión de Seguridad Pública del Senado en Punta Arenas. Zeballos, exoficial de Carabineros y actual investigador de la Iniciativa Global Contra el Crimen Organizado Transnacional, advirtió que la percepción de Chile como un país al margen de estos fenómenos criminales es un error que se debe revisar urgentemente. La transición de un diagnóstico reactivo hacia una estrategia más proactiva es clave para anticipar y prevenir el avance del crimen organizado en el país.
En su exposición, Zeballos presentó el concepto de “ruta contraintuitiva”, que implica que el crimen organizado evita los espacios ya controlados y se enfoca en aquellos que están desatendidos. Esto significa que, en lugar de concentrar esfuerzos en los puertos tradicionales usados para el tráfico de drogas, se deben considerar aquellos menos vigilados, como los del sur de Chile. Con la disminución de operaciones en el Canal de Panamá, puertos como el estrecho de Magallanes se han vuelto alternativas preferidas para el tráfico de drogas hacia nuevos mercados en Europa y Oceanía, donde los precios son significativamente más altos. Esta situación resalta la necesidad de revalorizar la vigilancia de estas rutas inusuales, que no solo sirven para la cocaína, sino también para el tráfico de armas, personas y dinero.
Zeballos enfatizó que el crimen organizado ya no actúa simplemente en busca de ganancias rápidas, sino que aspira a establecer una injerencia duradera en las comunidades. Para lograrlo, determinó que se requieren tres condiciones fundamentales: una economía ilícita que sea rentable, una estructura criminal organizada capaz de aprovecharla a lo largo del tiempo, y, crucialmente, un contexto social que lo permita. El investigador destacó que es en esta última área donde Chile ha fallado, resaltando la importancia de proteger a los jóvenes ante el reclutamiento delictivo. Su análisis sugiere que no se debe solo hablar de organizaciones criminales visibles, sino de un sistema más amplio y complicado que opera en la región, lo que implica desafíos logísticos significativos.
Durante el debate, también se abordaron las debilidades actuales en los controles de seguridad en la macrozona austral. La delegada presidencial regional, Ericka Farías, subrayó que el estrecho de Magallanes representa una gran oportunidad para Chile pero al mismo tiempo una vulnerabilidad creciente. Explicó que la extensión del territorio y la cantidad de islas dificulta la vigilancia adecuada y que se requieren urgentemente más recursos tecnológicos. La implementación de escáneres fronterizos, radares y mejoras en la conectividad en zonas remotas son medidas necesarias para combatir este creciente desafío del crimen organizado en la región.
Zeballos concluyó su intervención reflexionando sobre la necesidad de una respuesta unificada del Estado frente al crimen organizado. Afirmó que este fenómeno no está ligado a un color político específico, lo que significa que la lucha contra él debe ser una política de Estado, consistente a través de diferentes gobiernos. El investigador advirtió que, aunque el crimen organizado suele llegar a zonas periféricas de forma tardía, su impacto puede ser muy rápido una vez presente. Con esta perspectiva, enfatizó la urgencia de establecer políticas eficaces y estratégicas para enfrentar una amenaza que está cobrando cada vez más importancia en la región de Magallanes.
