Perros asilvestrados en Tierra del Fuego: Un problema creciente

La presidenta de la Sociedad Rural de Tierra del Fuego, Lucila Apolinaire, ha lanzado una llamada de alerta sobre el crítico aumento de la población de perros asilvestrados en la región, que se describe como “totalmente descontrolada”. En una reciente conversación, Apolinaire destacó que estos animales ya no solo representan una amenaza para los ovinos, sino que también han comenzado a atacar a los bovinos, lo cual pone en riesgo la sostenibilidad de la ganadería en la provincia. Recuerda con tristeza cómo su familia tuvo que reconvertirse debido a los ataques iniciales en las estancias, abandonando la cría de ovejas para adaptarse a la producción de ganado bovino. Esta transformación ha sido complicada y llena de desafíos para los ganaderos de la zona.
Según estudios realizados por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la población de perros asilvestrados ha crecido alarmantemente en un 45,6% anual, con estimaciones que sugieren que podrían existir entre 20 mil y 30 mil de estos animales en el territorio. Apolinaire señala que la situación se ha vuelto insostenible, afectando severamente la producción ovina, que ha disminuido drásticamente de un millón a apenas 300 mil cabezas en los últimos años. Esta tendencia no solo pone en peligro la industria lanera y cárnica, sino que también afecta el atractivo turístico de la región, conocido por ofrecer productos derivados de la oveja.
El incremento de la población canina asilvestrada se remonta a factores humanitarios, como el aumento de la población en Tierra del Fuego durante la década de los 80, que impulsó la adopción de mascotas sin un control adecuado. Originalmente, el problema estaba limitado a las cercanías de la ciudad de Río Grande, pero se ha extendido, afectando localidades como Tolhuin y Ushuaia con un número considerable de perros sueltos. Apolinaire alude a un ciclo vicioso donde la falta de responsabilidad en la tenencia de mascotas ha resultado en jaurías de perros que ahora se instalan en el campo y migran entre regiones sin control alguno.
Uno de los grandes problemas destacados por Apolinaire es el abandono de perros de raza, que, al ser liberados, se convierten en perros baguales en el entorno rural. Estos animales se adaptan a sus nuevas condiciones y comienzan a causar daños significativos a la fauna, incluyendo ataques a ganado. Las comparaciones con otras especies introducidas, como el castor, ilustran cómo la falta de control de estas poblaciones puede tener efectos trascendentales y binacionales en el ecosistema de la isla. La presidenta advierte que los perros que hoy afectan el lado chileno de la isla podrían venir directamente de esta problemática que se originó en Argentina.
A pesar de que en Argentina se permite la caza de perros baguales desde 2008, la dificultad de localizar y cazar a estos animales en los bosques ha resultado en que la población siga creciendo sin control. Sin embargo, Apolinaire dice que están comenzando a trabajar junto a los municipios y planean la capacitación con expertos canadienses en técnicas de caza de estos animales, tratando de asegurar que todas las acciones se lleven a cabo respetando los estándares de bienestar animal. Para los productores que están íntimamente ligados a esta problemática, la única alternativa ha sido la difícil reconversión al ganado bovino, un proceso que, aunque necesario, implica grandes inversiones y una curva de aprendizaje compleja.
