Actividad Física Escolar: Clave para el Bienestar Infantil

El Dr. Javier Albornoz Guerrero, académico del Departamento de Educación de la Universidad de Magallanes, ha puesto de manifiesto la crítica necesidad de intervenir en el entorno escolar para prevenir riesgos asociados a la inactividad física en la infancia y adolescencia. Su llamado se fundamenta en los preocupantes resultados de la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2024, la cual revela que solo el 24,8 % de los niños y adolescentes en Magallanes cumple con las recomendaciones mínimas de actividad física estipuladas por la OMS. En los centros educativos, la situación es aún más alarmante, ya que apenas un 5,8% de los estudiantes realiza la actividad física recomendada de 60 minutos, tres veces por semana.

Albornoz subraya que esta baja adherencia a la actividad física no solo incrementa los índices de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes, sino que también conlleva una serie de problemas metabólicos y emocionales significativos. Entre las preocupaciones más críticas destaca el aumento en el tiempo frente a pantallas, que promedia 9,3 horas por día, lo cual está relacionado con un incremento en los problemas de sueño en más del 23% de los niños. Esto, a su vez, intensifica el riesgo metabólico y afecta negativamente el rendimiento académico y el comportamiento en el aula.

La creciente sedentarización en las aulas se ve reflejada en que cerca del 92% de los escolares supera las dos horas diarias de tiempo de pantalla fuera del horario escolar. Esta fatiga provocada por el sedentarismo se traduce en somnolencia diurna, irritabilidad y problemas de regulación emocional, lo que afecta el entorno cognitivo y psicosocial de los estudiantes. Un estado físico deficiente se correlaciona con una baja autopercepción corporal y un mayor riesgo de ansiedad y depresión, así como con un descenso en las calificaciones escolares y un clima menos propicio para el aprendizaje.

No obstante, el Dr. Albornoz sostiene que el diagnóstico de sedentarismo en el entorno escolar no es motivo de resignación, sino una oportunidad para implementar cambios significativos. Propone un sistema estructurado de actividad dentro del horario escolar que incluye tres bloques de 60 minutos o dos de 90 minutos de actividad física que abarque fuerza, juegos predeportivos y actividades aeróbicas. Además, sugiere incorporar 60 minutos de recreos activos para fomentar un estilo de vida más dinámico en los estudiantes y así, contribuir a la “jornada escolar activa”. A partir del Sistema de Información General de Estudiantes (Sige), se controlará el cumplimiento de estos objetivos en toda la red escolar.

En línea con estas propuestas, Albornoz insiste en la necesidad de mejorar la infraestructura escolar para fomentar la actividad física. Sugiere crear patios activos y circuitos señalizados, junto con entrenar a docentes y familias como agentes de cambio en esta materia. Una de sus iniciativas es el programa “Escuelas que se mueven”, destinado a ofrecer 20 horas anuales de perfeccionamiento docente y talleres para padres sobre el uso responsable de pantallas y rutinas de sueño saludables. El objetivo es certificar al menos al 80% del profesorado y alcanzar al 30% de la participación familiar, generando una red de apoyo que impulse la motivación de los estudiantes hacia un estilo de vida activo.

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