Sacerdote recuerda la vida eterna en misa por asesinato

El sacerdote Carlos Da Meda Fabris ofició una emotiva misa en Punta Arenas en homenaje al joven asesinado el pasado domingo. A sus 96 años, el padre Da Meda regresó a la ciudad tras 17 años de ausencia, tiempo que pasó ejerciendo su ministerio en las ciudades de Natales y Puerto Montt. La misa se llevó a cabo en medio de un ambiente de nostalgia y tristeza, donde familiares y amigos del difunto se reunieron para rendirle homenaje y encontrar consuelo en la fe.

Durante su homilía, el padre Da Meda reflexionó sobre la situación de la violencia en la sociedad actual. “Estamos llamados a la vida eterna, pero lamentablemente parece que no es para todos, sino solo para aquellos que se abren y creen en Dios”, expresó el sacerdote. Con estas palabras, intentó transmitir un mensaje de esperanza, mientras a la vez hacía un llamado a la comunidad a reflexionar sobre los valores que se han perdido en medio de la violencia que lacera a muchas familias.

El sacerdote también se detuvo en la vida del joven fallecido, quien, según sus palabras, era pareja y padre de dos hijos. “¿Qué le dice el Señor a esa familia?”, se cuestionó el padre Da Meda. En su reflexión, enfatizó que el amor y la comprensión son fundamentales en la vida humana. Hizo un llamado a que todos se amen mutuamente y a que la comunidad resuelva sus diferencias desde el diálogo y el entendimiento, en lugar de recurrir a la violencia.

En un contexto donde el asesinato del joven ha dejado una profunda herida en Punta Arenas, el padre Da Meda instó a la congregación a hacer una introspección, reconociendo que “ninguno de nosotros somos santos, y necesitamos constantemente comprendernos y tener paciencia”. Estas palabras resonaron en la comunidad, quienes se sintieron interpelados a buscar caminos de reconciliación y paz en lugar de enfrentamientos.

Para cerrar su ceremonia, el padre Carlos Da Meda subrayó la importancia de la oración, sugiriendo que rezar el Padre Nuestro con mayor frecuencia podría ayudar a sanar las heridas de una sociedad marcada por la violencia. “La oración puede ser un camino hacia la paz y la esperanza”, concluyó el sacerdote, dejando en los asistentes una reflexión sobre la necesidad de construir un espacio de amor y comprensión en la comunidad.

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