Pasarela Santos Mardones: Un Cuento de Hadas Inutilizable

La pasarela peatonal construida sobre el río de las Minas en la población Santos Mardones ha sido calificada por muchos vecinos como un “cuento de hadas”, una frase que refleja la frustración acumulada ante un proyecto que, a pesar de ser inaugurado, nunca ha cumplido su propósito. Este monumento al adorno, como muchos lo han descrito, prometía mejorar la conectividad de más de 500 familias de la zona, pero a día de hoy, la obra es un recordatorio de cómo la falta de planificación y coordinación puede transformar una buena intención en una estructura inútil.
El proyecto, que formaba parte del plan de conservación de riberas del Ministerio de Obras Públicas en 2018, fue visto inicialmente como una solución definitiva a los problemas de movilidad para los residentes de la población Santos Mardones. Sin embargo, la realidad es que la pasarela ha permanecido inutilizable debido a conflictos legales y al cierre de terrenos por parte de propietarios colindantes. Jorge Vergara, presidente de la junta de vecinos Nº39, ha manifestado su descontento, recordando que el acceso hacia calle Ignacio Carrera Pinto ahora es un desafío para los habitantes, quienes esperaban más facilidad en su conexión con el resto de la ciudad.
A pesar de que las autoridades están al tanto de la situación, hasta el momento no se ha encontrado una solución viable para el uso de la pasarela. Vergara comentó que a lo largo de los meses se han ‘golpeado muchas puertas’ en busca de respuestas, incluso varios reportajes han sido publicados por La Prensa Austral, haciendo eco de las voces de los vecinos que claman por una resolución. La espera ha sido larga y desgastante, y muchos residentes sienten que su situación es un reflejo de la falta de compromiso por parte del gobierno local.
La frustración de los vecinos se extiende más allá de la pasarela. La junta de vecinos, bajo la dirección de Jorge Vergara, ha logrado mantener un canal activo de comunicación y trabajo en conjunto, aunque la participación en las reuniones es desigual. A menudo, los vecinos se presentan solo cuando hay propuestas de proyectos para mejorar sus viviendas. La sede comunitaria sí ha sido un espacio fundamental, equipada para acoger diversas actividades, pero su mantenimiento requiere de recursos que se generan a través de arriendos y otros esfuerzos comunitarios.
La historia de la pasarela es, más que un simple inconveniente, un símbolo de los retos que enfrentan muchas comunidades en su búsqueda por mejorar su calidad de vida. Vergara, tras ser reelecto como presidente, continúa siendo un portavoz activo de los intereses de sus vecinos y se mantiene optimista frente a la posibilidad de que, algún día, la obra dejé de ser un “cuento de hadas” y se convierta en una realidad funcional que sirva al bien común.
