Mujeres privadas de libertad: Realidades y desafíos en Chile

La hermana Nelly León, con más de 40 años dedicados a la labor carcelaria en Chile, ha denunciado un sistema penitenciario que está pensado mayoritariamente para hombres y la ausencia de políticas con perspectiva de género. Reconocida por su trabajo con mujeres privadas de libertad, la religiosa de la Congregación del Buen Pastor ha utilizado su voz para exponer las injusticias que enfrentan estas mujeres, muchas de las cuales provienen de contextos de violencia y abuso. Su historia personal, marcada por la experiencia de abuso que presenció en su juventud, la llevó a un compromiso profundo con el bienestar de las mujeres encarceladas, y a actuar como defensora de sus derechos en un sistema que continuamente las margina.

El trabajo de la hermana Nelly comenzó a gestarse durante sus años de colegio, donde una visita a la cárcel despertó en ella una inquietud fundamental. Acompañada por un sacerdote que la guió en su proceso de descubrir su vocación religiosa, Nelly tomó la decisión de ingresar a la congregación en 1982. Desde entonces, su misión ha sido clara: velar por los derechos de las mujeres en un contexto donde la violencia de género y el abuso son frecuentemente parte de su historia vital. A medida que fue creciendo en su labor, también fue testigo del impacto de la dictadura militar en la vida de estas mujeres, muchas de ellas torturadas y maltratadas antes de llegar a la cárcel.

La hermana Nelly destaca que, en la actualidad, existe una desconexión entre las políticas penitenciarias y las necesidades reales de las mujeres encarceladas. En Chile, las cifras revelan que de aproximadamente 62 mil personas privadas de libertad, solo el 8% son mujeres, una estadística que ilustra cómo el sistema continúa siendo estructurado sin considerar las diferencias de género. En su propia experiencia en las cárceles, la religiosa ha notado que las instalaciones son idénticas para hombres y mujeres, lo cual no refleja ni respeta la realidad de las experiencias femeninas. Aunque reconoce que hay avances en la sensibilidad hacia las problemáticas de género, señala que la estructura de las cárceles y la mentalidad de los funcionarios aún permanecen ancladas en paradigmas patriarcales.

Un aspecto preocupante que la hermana Nelly resalta es la relación entre el sistema penitenciario y el Sename, que ha sido un punto focal en la discusión sobre la infancia y las políticas de protección en Chile. Según sus propios cálculos, el 43% de las personas encarceladas tuvieron algún tipo de vínculo con este sistema de protección, lo cual pone de manifiesto fallos graves en el manejo de políticas de prevención y desinternación. La hermana menciona que la desinstitucionalización apresurada de niños y niñas dejó a muchos sin las redes de apoyo necesarias, y como resultado, muchos de ellos terminaron viviendo en la calle y posteriormente fueron a parar a la cárcel, ejemplificando un ciclo de vulnerabilidad.

Más allá de los desafíos, la hermana Nelly continúa su trabajo a través de iniciativas como la fundación Mujer Levántate, que busca brindar apoyo y recursos a mujeres privadas de libertad y a sus familias. La religiosa critica duramente la falta de políticas adecuadas por parte del Estado que respalden a las familias de estas mujeres. Reconociendo el impacto que la encarcelación tiene en el entorno familiar, enfatiza la necesidad de un enfoque integral que aborde las emociones y experiencias de las mujeres encarceladas. De esta manera, asegura, al sanar a una mujer, es posible transformar también la vida de sus hijos y su red familiar, creando un efecto positivo que va más allá de la prisión.

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