Democracia Cristiana: El Controvertido Apoyo a Jara

La última Junta Nacional de la Democracia Cristiana (DC) se vio marcada por un intenso debate y divisiones internas, al recibir un duro golpe la ex senadora Carolina Goic. Goic, quien se adhirió a la postura de no apoyar la candidatura presidencial de la comunista Jeannette Jara, se encontró en una posición minoritaria frente a la determinación de sus pares magallánicos, liderados por Gloria Chodil y Juan Morano, quienes rápidamente alinearon sus esfuerzos en favor de la ganadora de las primarias oficialistas. Este desenlace evidenció la fractura existente dentro del partido, en un clima que ya ha comenzado a generar tensiones adicionales en la organización política.
Durante el desarrollo de la junta, de los 264 asistentes, 167 se manifestaron a favor de respaldar la candidatura de Jara, convirtiendo al grupo magallánico en el primero en dejar clara su posición. Juan Morano, una figura histórica dentro de la DC, resaltó el papel pionero de Magallanes y recordó que en el pasado, esa región también fue clave en la elección de Patricio Aylwin como candidato presidencial. La decisión fue bien recibida en algunos sectores, pero también advirtió que este apoyo podría enfrentar diversas reacciones negativas, enfatizando que la DC nunca ha sido un partido anticomunista, haciendo hincapié en su historia de defensa de los derechos humanos.
Eugenia Mancilla, una destacada administradora regional y militante de la DC, argumentó que el apoyo a Jara es fundamental para mantener la cohesión política necesaria en el partido y el país. Mancilla expresó que los intereses personales y las rivalidades internas no deben eclipsar la razón de ser de la Democracia Cristiana, que ha sido históricamente un factor de gobernabilidad y desarrollo en Chile. “Los cálculos pequeños respecto a grupos parlamentarios no ayudan a generar una cohesión política”, concluyó, apuntando que este respaldo podría abrir la puerta a un pacto parlamentario mucho más ambicioso que el actual.
Las consecuencias inmediatas no se hicieron esperar y una de ellas fue la renuncia del presidente de la DC, Alberto Undurraga, quien catalogó la decisión de la Junta como un error estratégico. Undurraga, que había recibido respaldo de varios expresidentes del partido, argumentó que el camino tomado por la organización podría alejar a su electorado. “Cuando se abandona nuestro electorado, izquierdizando nuestra propuesta, la gente no nos sigue”, advirtió, recordando la fallida estrategia de apoyo al Apruebo en la anterior propuesta constitucional.
Carolina Goic, quien había sido una de las voces más críticas en la previa a la junta, reafirmó su posición al señalar que prefiere la convicción a la calculadora política, mostrando una firme resistencia ante la corriente predominante en su partido. “No nos podemos arrodillar por tres cupos”, enfatizó Goic, dejando claro que su lealtad está más alineada con los principios que han guiado su trayectoria política. La situación en la DC refleja no solo el conflicto interno de un partido en busca de su identidad, sino también las tensiones más amplias dentro del panorama político chileno, donde alianzas y desencuentros están a la orden del día.
