El liderazgo ejecutivo después de la “permisología”, según Paola Basaure

En Chile hablamos de “permisología” como si fuera el principal cuello de botella de la infraestructura. Y lo es. Pero quedarse ahí es una postura cómoda.
El debate sobre la llamada “permisología” reduce un problema estructural a un trámite, cuando en realidad lo que está en juego es algo bastante más complejo: la capacidad de las empresas para sostener proyectos en el tiempo.
La experiencia ejecutiva en ese sentido pone el foco después del permiso, donde pareciera incomodar más. Porque obtener una autorización ambiental ya no garantiza viabilidad. Ese hito apenas marca el inicio de una etapa mucho más exigente, donde se juega la continuidad real de cualquier proyecto.
Durante años, la industria operó bajo una lógica fragmentada. Ingeniería por un lado, regulación por otro, comunidades como un frente separado y la sostenibilidad como un complemento reputacional. Ese modelo simplemente dejó de funcionar. Hoy, la infraestructura crítica se desarrolla en entornos donde lo técnico, lo social y lo ambiental están completamente entrelazados.
Cuando el liderazgo cambia de naturaleza
La viabilidad de un proyecto no empieza con el ingreso a evaluación ambiental. Empieza mucho antes, en cómo una empresa entiende el territorio al que quiere llegar. Llegar temprano, escuchar, ajustar, incorporar variables socioambientales desde el diseño no es solo una buena práctica, es una condición básica para evitar conflictos que después ningún permiso resuelve.
En sectores como la transmisión eléctrica, esto es aún más evidente. Las obras no son transitorias. Permanecen durante décadas en los territorios. Y esa permanencia exige algo más que cumplimiento normativo: exige confianza sostenida.
Ese es otro punto donde el discurso suele quedarse corto. Se habla de comunidades como stakeholders, pero en la práctica muchas veces siguen tratándose como una etapa del proyecto.
Como ejecutiva en Transelec, una de las empresas más relevantes del rubro energético, mi tarea es aterrizar una política integral y más realista: la relación con el territorio es permanente. No se gestiona en hitos ni se construye en el tiempo.
Eso redefine el rol de las empresas. Ya no basta con ejecutar bien una obra. Hay que saber habitar el entorno donde esa obra existe.
La prioridad socioambiental
Lo mismo ocurre con el cumplimiento ambiental. En el debate público, la “permisología” se entiende como un proceso externo: permisos que se obtienen, observaciones que se responden, fiscalizaciones que se enfrentan. Pero en organizaciones más maduras, el cumplimiento deja de ser un requisito y se transforma en cultura.
Eso implica decisiones difíciles. Detener operaciones, ajustar procesos, asumir costos. No por obligación regulatoria inmediata, sino porque el estándar interno así lo exige. Es ahí donde se juega la diferencia entre cumplir y sostener.
En proyectos con perfiles de alta exposición pública, aparece otra dimensión crítica: la transparencia. La infraestructura esencial no opera en silencio. Cualquier falla, incidente o inconsistencia puede escalar rápidamente. En ese escenario, la reacción corporativa importa tanto como el hecho en sí.
Reconocer errores, informar, corregir. Suena básico, pero exige liderazgo real. Porque implica asumir costos en el corto plazo para proteger la confianza, algo más difícil de construir.
Un cambio de foco
Todo esto tiene un denominador común que suele quedar fuera del debate: las personas. Detrás de cada proyecto hay equipos que deben integrar variables técnicas, regulatorias y territoriales en tiempo real. Profesionales capaces de negociar, escuchar, anticipar conflictos y traducir información compleja en decisiones ejecutivas.
Ese tipo de capacidades no siempre ha sido prioritario en industrias intensivas en ingeniería. Hoy lo es.
Por eso, seguir enfocando la conversación únicamente en la “permisología” es insuficiente. Chile necesita mejores procesos regulatorios, sin duda. Pero también necesita empresas capaces de operar en complejidad.
El verdadero desafío no es solo acelerar permisos. Es construir proyectos que resistan el tiempo, el escrutinio público y la convivencia con sus entornos.
En ese escenario, el liderazgo ejecutivo no debería medirse por cuántos proyectos se aprueban, sino por cuántos logran sostenerse. Y eso ocurre mucho después de que el permiso deja de ser el tema principal.
Sobre Paola Basaure
Paola Basaure es vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Gestión Socioambiental en Transelec, la principal empresa de transmisión eléctrica en Chile. También ingeniera, ha desarrollado una trayectoria vinculada a la gestión regulatoria, el relacionamiento con comunidades y la sostenibilidad en sectores altamente complejos.
Su experiencia combina mirada técnica, estrategia empresarial y trabajo territorial en una industria clave para la transición energética del país. En Transelec, trabaja bajo una visión donde la sostenibilidad forma parte de la toma de decisiones, la relación con comunidades se construye con presencia de largo plazo y el cumplimiento ambiental se incorpora como una práctica central de gestión.
