Centro de Rehabilitación Puerto Williams: Necesidad Urgente

En Puerto Williams, una pequeña localidad en la isla Navarino, Ana María Chávez Rosas y su esposo, José Godoy Fuica, enfrentan una dura realidad marcada por la desigualdad en el acceso a la rehabilitación y atención de salud. José, de 87 años, ha sobrevivido a cuatro accidentes cerebrovasculares y su recuperación se ha vuelto una lucha constante. La pareja ha transformado su hogar en una improvisada sala de ejercicios, donde Ana María se convierte en cuidadora y entrenadora a la vez. Su historia resalta la necesidad urgente de un Centro de Rehabilitación en la isla, una demanda que lleva mucho tiempo pendiente para la comunidad local.

Ana María recuerda con nostalgia el viaje que realizaron a Punta Arenas tras el primer ACV de José en noviembre de 2019. “Estuvimos fuera varios meses, recibiendo atención y viendo avances significativos en su rehabilitación”, dice. Sin embargo, el regreso a Puerto Williams, que debió ser temporal, se complicó gravemente. Justo cuando él obtenía permiso médico para volver a casa, sufrió un cuarto ACV. La llegada de la pandemia dificultó aún más su situación, impidiéndoles regresar a la atención especializada en el continente, lo que marcó el comienzo de un prolongado aislamiento sin el apoyo médico necesario.

La falta de un centro adecuado en la isla ha forzado a Ana María a crear un ambiente de rehabilitación en casa, lleno de herramientas como mancuernas y bandas elásticas. Sin embargo, ella misma reconoce que la falta de la supervisión profesional de kinesiólogos limita el progreso de José. “Me esfuerzo por ayudarlo, pero no tengo la formación necesaria para guiarlo adecuadamente en sus ejercicios”, explica, reflejando la frustración de quienes deben lidiar con el confinamiento y el aislamiento en salud.

A pesar de las adversidades, Ana María mantiene la esperanza. La reciente noticia de la licitación para construir un Centro de Rehabilitación en Puerto Williams ha encendido una luz de optimismo en su vida. “Esto sería fundamental para nosotros y para todos los adultos mayores de la isla”, afirma con convicción. El proyecto, que contempla una inversión de 2.800 millones de pesos, pretende ofrecer terapias de rehabilitación física que, actualmente, son inaccesibles para muchos debido a las dificultades de traslado.

Además de la lucha por la salud de su esposo, Ana María también enfrenta sus propios problemas médicos. Habiendo superado un cáncer, se ha convertido en un símbolo de resiliencia y determinación en la comunidad. “No solo se trata de José; hay muchas personas que necesitan ayuda. Recuperar la dignidad en la adultez mayor es vital”, concluye. La historia de Ana María y José no solo apela a la necesidad de mejor atención médica, sino que destaca la importancia de la empatía y el compromiso en la mejora de las condiciones de vida de sus vecinos.

Compartir: