Campamento Las Etnias: Verdades Ocultas y Realidades Duras

La dirigente Mónica Rivera, en un intento por aclarar la situación del campamento Villa Las Etnias, afirma que más del 75% de sus residentes son extranjeros que, en su mayoría, viven en condiciones regulares. A pesar de las acusaciones que circulan, principalmente en la Villa Cardenal Silva Henríquez, sobre problemas de violencia, prostitución y narcotráfico, Mónica defiende a sus vecinos subrayando que se trata de “gente trabajadora” que enfrenta diariamente la lucha por dignificar sus condiciones de vida. La dirigente sostiene que los rumores malintencionados no reflejan la realidad de un lugar donde la comunidad se esfuerza por mantener un ambiente seguro y de respeto entre sus integrantes.

En un recorrido por el campamento, la interacción con sus residentes revela un cuadro cotidiano que contrasta con las polémicas. Al observar niños uniformados y mujeres que caminan con precaución por calles de barro, se percibe un ambiente que merece atención. Las viviendas, que van desde modestas casas de madera hasta algunas prefabricadas, se mezclan con una perspectiva de dignidad y lucha. Mónica enfatiza que no están allí por gusto, sino por la desesperación que genera la falta de acceso a vivienda formal, recordando que todos enfrentan gastos mensuales como electricidad y gas, lo que agrega complejidad a su difícil situación.

La tensión en la zona escaló con el anuncio del ministro de Vivienda, Iván Poduje, sobre el inminente desalojo del campamento. Mónica Rivera, profundamente afectada por la noticia, celebra que su comunidad no busca una solución temporal como un subsidio de arriendo, sino una vivienda digna que les permita vivir sin miedo al futuro. Asegura que el problema podría resolverse con una adecuada infraestructura de alcantarillado, que evitaría la acumulación de aguas servidas que azota al sector, y hace un llamado a las autoridades para que se realice un catastro exhaustivo de las familias antes de cualquier acción de desalojo.

Las quejas por la crisis sanitaria son evidentes entre los residentes, que no ven reflejada su situación en los medios ni en las decisiones públicas. A pesar de las acusaciones que enfrentan, desde la toma afirman que tienen un sistema de fosas sépticas que se mantienen limpiadas mensualmente. Consideran que el problema de las aguas servidas no es exclusivo de su campamento, sino que afecta a diversas áreas del entorno. Esta dinámica genera tensiones con los vecinos de la Villa Cardenal Silva Henríquez, que a su vez responsabilizan a los residentes de Las Etnias por el deterioro ambiental que les rodea, lo que resalta la necesidad de un diálogo abierto y constructivo entre ambas comunidades.

La voz de los residentes se hace eco de un clamor por dignidad, paz y soluciones habitacionales efectivas. Julio César Valencia, un ciudadano colombiano que vive en la toma desde su inicio, recuerda sus intentos fallidos de acceder a una vivienda formal y destaca la falta de empatía de las autoridades que no han visitado el campamento tampoco para dialogar sobre estos problemas críticos. Las familias de Las Etnias, que forman parte de un conjunto de 79 hogares, están organizándose para abogar por sus derechos y buscan que sus necesidades sean escuchadas. En su búsqueda de tranquilidad y un hogar, Mónica Rivera y sus vecinos no buscan caridad, sino justicia social que les permita vivir dignamente.

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