Marcela Peñaranda, creadora de “Si quiero, quiero”, un emprendimiento sólo para quienes quieren

Marcela Peñaranda, Si quiero, quiero

Espacios para emprendedores exitosos ya existen dentro del mundo cibernético, pero un día una persona se preguntó dónde tenían cabida los nuevos emprendedores que no saben por dónde partir y necesitan orientación o simplemente comunicarse con personas que pasan o han pasado lo mismo.

Marcela Peñaranda es quien pensó esta problemática y dio vida a: “Si quiero, quiero”, un espacio para mujeres (inicialmente) en donde emprendedoras podrán contar sus historias, de qué tratan sus emprendimientos y lo felices que son trabajando en lo que les gusta. En la actualidad se ha transformado, tal cuál Marcela dice en “un Club de Lulú” y en una vitrina para quienes quieran difundir sus productos o servicios.

 Marcela, ¿cuál es tu profesión, a qué te dedicas?

Soy publicista, pero me autojubilé de las agencias. Tengo un trabajo normal que me hace muy feliz y en paralelo el proyecto que, ahora, manejo junto a un equipo.

¿En qué minuto se te ocurre crear: Si quiero, quiero?

“Si quiero, quiero” nació cuando estuve en mi primer trabajo. Una de mis mejores amigas quería emprender, yo igual tenía el bichito, pero ninguna sabía cómo. Revisábamos historias de “jóvenes independientes”, pero todos eran hiperexitosos, nada de personas que estuvieran empezando o fueran poco conocidos. Me di cuenta que ese espacio no existía, se lo comenté a mi pololo y nació el blog. Hoy no está cerrado sólo a emprendedoras, la verdad es que todas deberíamos estar trabajando en un lugar que nos haga sentir felices y cómodas, tanto independientes o dependientes.

Cuéntame, ¿de qué trata, cuál es su objetivo?

La idea es que tú reflexiones si de verdad estás feliz en el lugar donde trabajas; si lo eres, que nos compartas tu historia y si no, que sepas que existen opciones. Muchas veces nos contentamos por las lucas, porque es “un buen trabajo” (en nuestro entorno profesional) o por tantas cosas que están sobre nuestra real satisfacción. No es normal levantarse todos los días para ir o hacer algo que odias. Creo que al conocer diferentes historias, las vivencias nos sirven para sentirnos más acompañadas o comprendidas. Cada cierto tiempo recibo mensajes muy lindos, contándome que se han sentido inspiradas por alguna nota o entrevista. Ese es el objetivo, saber que el trabajo es una parte relevante en tu vida, pero también una parte grata, no un infierno.

¿Sólo pueden participar mujeres?

 Por el momento sí. Igual el equipo está conformado por 4 mujeres y un hombre y ─en el caso de 30 kilates─ muchas emprendedoras trabajan con un compañero o pareja, no hay problema con eso. Los hombres merecen, también, ser felices en sus pegas, pero por ahora “Si quiero, quiero” es un gran Club de Lulú y me gusta porque las mujeres necesitamos aprender a tratarnos bien entre nosotras.

¿Cómo ha sido la recepción de quienes quieren mostrar sus trabajos y quienes quieren aprender hacerlos?

La recepción ha sido siempre buena de ambas partes. Quizá porque las mismas chicas se dan cuenta de cuál es la motivación detrás del proyecto: por un lado si apareces en “si quiero, quiero” y lo compartes, también estás ayudando a que la otra chica que sale pueda ser conocida. Al mismo tiempo las personas que quieren aprender se contactan con mujeres reales, que muchas veces tienen talleres en sus casas o workshops de mucho esfuerzo, y en esos círculos se forjan amistades o colaboraciones muy enriquecedoras.

¿Desde dónde nacen tus ganas de ayudar a otros a emprender?

No lo sé, jajaja. Siento que mi familia me ha inculcado mucho el ser feliz en el trabajo y que éste dignifica a la persona, sin importar el trabajo que sea. No tengo una mala visión de la vida laboral, pero sí del sistema. Quizá eso mismo me ha empujado a querer enseñárselo a otras personas… Nos convencen tanto de qué está bien, qué pegas son la correctas y cuánto deberíamos ganar para sentirnos exitosos que se nos olvida qué es lo que nosotros de verdad queremos. La misma educación nos lleva al éxito material antes que al emocional… Y los emprendimientos tienen mucho de corazón y guata. Yo de verdad me pongo feliz cuando a alguna chica con la que hablé le va bien, porque no podría hacer esto si tampoco lo sintiera así.

¿Qué recomendaciones, según tu experiencia, darías a personas que están recién comenzando y no saben cómo hacerlo?

Primero, no tengas miedo, hay más ideas que mueren por falta de coraje que por ser “malas”. Y tampoco necesitas abandonar todo, puedes empezar de a poco y ver cómo te va. Piensa bien en tus habilidades, ojalá algo que te guste hacer y puedas innovar en él si quieres que se mantenga en el tiempo (averigua qué están haciendo otras personas). Emprender no es fácil, se duerme y se sale poco así que sí o sí debe ser algo en lo que te sientas literalmente dichosa de realizar. Segundo, que busques una necesidad en el mercado relacionada a esa habilidad ─muy de la mano con saber qué está pasando con la posible competencia─ porque no se puede olvidar que el emprendimiento es un negocio y debe sustentarse, ¡investiga! Y por último ¡No copies! El mundo es chico y el de internet peor, es posible “inspirarse” en otro emprendimiento, pero jamás copiarlo. 

 ¿Cuál es el futuro que quieres para “Si quiero, quiero”?

En el futuro espero plantar el proyecto como el portavoz de trabajadoras felices en todo Chile. No sólo de emprendedoras, también de trabajadoras dependientes que sí pueden estar muy satisfechas con sus trabajos de tiempo completo. Que el mensaje llegué a más personas y se comprenda la importancia del trabajo desde la valorización personal. Sí, es cierto que vivir es difícil y cada vez es más caro, pero ¿por eso hay que aguantar? No. 

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